Qué ver en Torrejón el Rubio.

Si nos preguntamos ¿qué ver en Torrejón el Rubio? Nos daremos cuenta que es un pueblo con mucho que visitar. Torrejón el Rubio se ubica en el centro del triángulo que forman Plasencia, Trujillo y Cáceres. Esta localidad constituye una de las entradas naturales para iniciar la visita al Parque Nacional de Monfragüe, reserva de la biosfera.

A este municipio pertenecen algunos de los lugares más conocidos de dicho espacio natural, como el Castillo de Monfragüe, el Abrigo del Castillo en el que se conserva Arte Rupestre prehistórico, la Fuente del Francés o el mirador del Salto del Gitano.

Además de contar con varios centros de interpretación y un observatorio astronómico, Torrejón el Rubio ofrece a sus visitantes diferentes monumentos históricos y restos arqueológicos, como las Piedras Estelas, la Villata de la Burra, el Puente del Cardenal, el Puente Viejo, la Iglesia San Miguel Arcángel, la Casa fuerte de los Señores de Torrejón o el Hospital del Conde. Todos estos lugares, así como otros de interés turístico os los presentamos seguidamente:

Es sin duda el monumento más conocido y visitado del Parque Nacional de Monfragüe, debido a la majestuosa perspectiva que puede disfrutarse desde la Torre del Homenaje.

Precisamente las impresionantes vistas que ofrece el Castillo de Monfragüe es el principal argumento para que desde épocas pre-romanas la zona fuera empleada como atalaya de vigilancia con fines defensivos. Este origen fue continuado por parte de los romanos, quienes lo transformaron de un mero escenario defensivo a un castillo.

La zona fue conquistada en el 713 por parte de Musa ibn Nusair, tras el asedio que se produce por parte del Emir Omeya de la ciudad de Emerita Augusta. A partir del 811 es cuando comienza la construcción del actual castillo. Disponía de dos recintos amurallados y cinco torres.

La época de máxima importancia histórica es el siglo XII, en el que se producen diferentes cambios de mano en el control de la fortaleza.

El primer cristiano que la conquista es el noble portugués Geraldo Sem Pavor, en 1166. En 1171 es recuperado por el Reino de León, tras capturar Fernando II al rey portugués Alfonso Enriques y al citado Sem Pavor. A cambio de su liberación les cede, entre otras,  la fortaleza de Monfragüe. Éste, en recompensa por los trabajos realizados, se las ofrece a Pedro Fernández de Castro, “El Castellano”, que forma, en la zona, un “pseudoseñorío” independiente, que será cedido en primer lugar a la Orden de Santiago y después a la de Montegaudio, en cuya bula aprobando su fundación (1180) aparece ya con el nombre de Monfrac. En 1186, el hijo de Pedro Fernández de Castro, cederá la fortaleza a Alfonso VIII, rey que concede definitivamente el Castillo de Monfragüe a la Orden de Montegaudio.

A partir de 1196, por disputas internas, se divide. Los monjes castellanos pasan a formar la Orden de Monfragüe. La fortaleza se erige en su sede principal hasta 1221, fecha de absorción por la Orden de Calatrava.

Ya en el siglo XIV, repoblada la zona, la fortaleza comenzó a formar parte de la familia de los Trejo, señores de las Corchuelas y Grimaldo. De esta época es otra significativa reforma para convertir la casa fuerte también en palacio de esta familia. Parte de la Torre del Homenaje es remozada en esa época.

Desde el siglo XVIII, el castillo estuvo en ruinas debido a su destrucción durante la guerra de sucesión. En el siglo XIX las ruinas del castillo son utilizadas como polvorín por parte del ejército napoleónico. En la década de los 80 del siglo XX se realiza una importante labor restauradora y se producen varias excavaciones arqueológicas.

El Castillo de Monfragüe está unido a multitud de historias y leyendas, surgidas muy especialmente en la Baja Edad Media.

Situada en el patio de armas del Castillo de Monfragüe, es uno de los edificios más representativos del Parque Nacional. Los orígenes de la Ermita de Monfragüe no están claros. No existe documentación que atestigüe la datación de su construcción.

Se estima la misma sobre 1370, dada la existencia de dos escudos de la familia Trejo, señores de las Corchuelas, sobre la puerta principal de la ermita. En esa época eran los dueños del Castillo de Monfragüe. Junto a ellos existe otro escudo tallado de la Orden de Montegaudio/Monfragüe, encargada de traer la Virgen desde Tierra Santa en el siglo XII.

La ermita es de enorme sencillez. El aspecto actual se debe a la reconstrucción realizada en el siglo XVIII.  Sus muros encalados y de gran grosor, sirven como sostén a una cubierta a dos aguas, de madera. En el fondo de la capilla está una cámara donde se encuentra la Virgen del Monfragüe.

La ermita ha sido fruto de numerosas reformas que incluso han afectado a la puerta principal. Una reforma reciente ha descubierto una serie de frescos situados junto al altar, así  como abundantes esgrafiados repartidos por las paredes laterales.

La Virgen del Monfragüe

La talla de la Virgen del Monfragüe está datada en el siglo XII. Todo parece indicar que fue tallada en Tierra Santa para la ermita que la Orden de Montegaudio/Monfrac tenía en el Monte Gaudio, próximo a la ciudad de Jerusalén, lugar que fue concedido por el Rey Balduino IV en 1176. Tras diversos azahares históricos, como la pérdida de la batalla de los Cuernos de Hattin en 1188, la virgen es traída a la península ibérica, asentándose definitivamente en Monfragüe, en 1197, tras la reconquista definitiva de la fortaleza por parte de la Orden de Monfrag, surgida de una escisión de Montegaudio protagonizada por los monjes castellanos.

La vinculación de Torrejón el Rubio con la Virgen de Monfragüe se encuentra ya documentada en el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1753. En las respuestas a las preguntas realizadas para la elaboración de este célebre catastro, se detalla la existencia de una romería en honor de la Virgen el segundo día de Pascua de Resurrección, en el que se celebraba una misa cantada y un sermón.

En Monfragüe se encuentran uno de los más representativos e importantes núcleos de Pinturas Rupestres de la Península Ibérica. Prueba de ello son los 107 abrigos de Arte Rupestres hasta el momento catalogados tanto en el Parque Nacional como en la Reserva de la Biosfera.  Dentro del término municipal de Torrejón el Rubio se encuentra el más conocido y el único visitable: el Abrigo del Castillo de Monfragüe.

El Abrigo del Castillo posee una amplia representación de arte rupestre prehistórico, que recoge pinturas realizadas entre la época Epipaleolítica (hace unos 9000 años) y la Edad del Hierro (hace unos 2500 años). La mayoría de las pinturas existentes corresponden al Arte Esquemático, surgido con el Neolítico, cuando se produce uno de los cambios sociales más importantes. Se abandona la caza y la recolección como método funcional de supervivencia y comienza la domesticación de animales y plantas a través de su cultivo.

Pinturas Rupestres

Aquí existen varios tipos de pinturas. Las antropomorfas (con variadas formas humanas), zoomorfas (formas de animales) e ideomorfos (figuras esquemáticas como barras y puntos).

Las pinturas de trazo más grueso están realizadas con los dedos, mientras que para las más finas se utilizaban pequeñas ramas, pinceles de pelo o plumas de aves. Asimismo, destaca el uso de diversos tipos de pigmentos. Los realizados en rojos son en su mayor parte óxido de hierro, para los negros se empleaba el óxido de manganeso. Si bien en Monfragüe también se han hallado pigmentaciones blancas, surgidas del yeso o del caolín.

La mayoría de las representaciones que se pueden observar son figuras humanas pintadas de modo muy sencillo, esquemático, en el que se pueden observar la estructura social de la época. También se pueden observar diferentes animales de los que existían en la época. El mejor ejemplo es un ciervo que está difuminado entre el bloque más conocido, el de las pinturas antropomorfas.

En el mismo refugio se encuentra también representaciones de la escritura tartesa, ya de la Edad del Hierro, que se puede ver en negro.

Un lugar emblemático, de los muchos que tiene el Parque Nacional de Monfragüe, es la Fuente del Francés. El nombre le viene de una curiosa y dramática historia allá por los años 70 del siglo pasado. Al parecer un joven naturalista francés, Alain Maurice Johnson, se tiró al cercano río Tajo a intentar salvar una cría de halcón peregrino que se estaba ahogando, que seguramente criaría en el cercano Salto del Gitano. No pudo cumplir su propósito, falleció en el intento. En homenaje a tal gesto se le puso a esta fuente la del Francés.

Se trata del mirador más conocido y fotografiado de la Reserva de la Biosfera de Monfragüe, siendo parada obligada para todos los visitantes que llegan al Parque. Muchas son las leyendas sobre el origen del nombre.

En todas las estaciones, este enclave mágico ofrece un espectáculo sobrecogedor. Basta con pararse y observar en silencio el majestuoso vuelo de los buitres leonados entre la imponente formación rocosa de Peña Falcón.

Un espectacular afloramiento de cuarcita armoricana, la roca más característica del Parque y una de las formaciones rocosas más antiguas del planeta, donde anida una de las mayores poblaciones de buitre leonado de Europa, además de la cigüeña negra y una gran variedad de aves.

En el entorno del casco urbano de Torrejón el Rubio se han hallado, durante la segunda mitad del siglo XX, cinco piedras estelas en apenas 4 kilómetros a la redonda. Unos hallazgos que hacen de esta localidad uno de los espacios donde más vestigios de estas características han aparecido. 

Tres de estas estelas se conservan en el Archivo Histórico Provincial de Cáceres, mientras otras dos pueden observarse en la Oficina de Turismo local. En la actualidad se pueden visitar las réplicas de las cinco en el Centro de Intepretación de Arte Rupestre de Monfragüe, situado a las afueras del municipio. 

Existen numerosas discrepancias entre los investigadores sobre su origen así como en su significado. Hay tres líneas básicas de estudio y explicación de su funcionalidad. Una, que habla de estas estelas como monumento funerario de las elites de la comunidad, la segunda explica que fueron meros marcadores de caminos y de territorios de las distintas familias, la tercera considera como altares de distintas divinidades guerreras.

En cualquier caso el hallazgo de estas piedras estelas y su concentración revelan el entorno de Torrejón el Rubio como una importante población ya desde el III milenio A.C., así como un lugar de gran importancia estratégica en los caminos que unían las mesetas con el suroeste de la Península Ibérica. La diferencia cronológica entre todas ellas, más de 1400 años entre la primera y la última, supone un rasgo característico de la duración de este período y de la herencia que se produce entre ellas. 

El yacimiento arqueológico de nuestro municipio es un castro prerromano de la Edad del Hierro (siglo IV A.C), que conserva una formación interesante con su muralla. Se sitúa en el margen del río Almonte, aprovechando las depresiones que generan dos arroyos que desembocan en un ribero del rio. La superficie es muy amplia, abarcando casi 6 hectáreas.

Dado el carácter guerrero de los pobladores, generaron un complejo sistema de fosos y murallas que aún se conservan. La muralla rodea por completo el castro, con un doble cercado. El tramo de muralla mejor conservada se ubica desde la acrópolis, parte superior del poblado, hasta el río Almonte. Existen varias entradas, alguna de más de 6 metros de ancho.

Al aún se observarán los anchos de esos vanos, escavados entre las pizarras. En la zona sur, todavía se conserva la calzada de bajada al río, con una pendiente suave para garantizar un paso cómodo al agua. En la parte norte se encuentra un foso de entrada al castro, que conserva petrificado las rodadas de los carros. Dentro de toda la superficie amurallada se ubican los restos de lo que debieron ser las diferentes viviendas.

El puente de Plasencia, uno de los puntos más visitados, ha sido construido en el siglo XV. Juan de Carvajal, Obispo de Plasencia, en 1450, tuvo el objetivo de construir un puente para comunicar Trujillo con Plasencia, una vía fundamental para la desarrollo de la zona donde presentaba hegemonía de su familia.

Juan de Carvajal había sido presidente del Tribunal de la Rota y Gobernador en Roma desde 1440. Ello le llevó a hacer viajes por Europa. En el momento, el paso en esta zona se realizaba a través de barcas, pero el puente era ligeramente alomado con una zona central más alta que los laterales. La mecenazgo del puente le viene el nombre, aunque la construcción del puente sea anterior al nombramiento de Juan de Carvajal como Cardenal de Porto y de Santa Rufina en 1461.

Durante el siglo XVIII, se solicitaron varias reparaciones, como la primera en 1739 por ser una de las principales rutas entre Andalucía y Las Castillas. Durante la guerra de sucesión española, los portugueses intentaron tumbarle, desencajando las claves del arco principal y enfrentando constantes riadas que deterioran aún más el puente.

En 1808, el Coronel Prieto ordena dinamitar el centro del puente para impedir el tránsito de los franceses. En 1859, se encarga al ingeniero Baldomero Cobo su reconstrucción, proporcionando una reconstrucción que recortara la altura de los tamajares, reformar los tímpanos, elevar la calzada, y crear aliviaderos con ojos de buey de más de 4 metros de diámetro, propiciando un mayor desagüe del puente y evitando que las avenidas sumergieran el puente.

Este bello puente sobre el Arroyo de la Vid está situado en el antiguo camino Real de la Andalucía a Las Castillas, importante vía de tránsito ya desde el siglo XIV y actual cordel auxiliar de la Cañada Real Trujillana.

No tiene fecha exacta de construcción. Existen versiones distintas sobre su origen, desde mapas que afirman su origen romano, en una cartografía de 1896 aparece denominado como “Puente Romano”, a otros que aseguran su construcción en el siglo XVIII, con una enorme diferencia cronológica. Lo que sí parece cierto es que su última remodelación proviene de 1784 y su mecenas fue el Obispo placentino José Pérez Laso.

La estructura del puente es muy sencilla. Tiene 6 ojos, 5 de ellos de menor tamaño, 3 ubicados en el margen izquierdo y dos en el derecho, y un gran ojo central. Todos ellos son de medio punto y están formados por pizarra colocada verticalmente. Los tímpanos y los tamajares también están acabados en mampostería de pizarra. La calzada, sin embargo, guardando relación con el puente, ligeramente alomado, está realizada en rollos, aunque ha sido modificada recientemente con poco escrúpulo restaurador, restando un poco de su encanto, que pese a ello es mucho.

En su entorno se puede observar uno de los riberos más importantes de la comarca, con los restos de una calzada, construida para el tránsito de los diferentes carruajes de la época, y otra zona sumamente agreste en el que se ha perdido todo vestigio de calzada o camino que pudiera pasar por él. No muy lejos de allí pueden observarse el Cancho del Buho, un precioso roquedo que emerge junto a las aguas.

El templo del casco urbano, es un edifico monumental del casco urbano, construido en la segundad mitad del siglo XV. Se fundó con el proyecto inicial de Francisco de Carvajal y Trejo, II señor de Torrejón, el cual se estructura en la capilla de la familia de Carvajal. Las obras comenzaron entre 1475-1480, y se esculpiron su escudo, formado por la unión de los Carvajales y los Trejos, en el exterior de la Capilla. El escudo preside la capilla desde lo más alto es el de Carvajal, mientras que los otros escudos menores también con el de los Trejo.

La iglesia se transforma en un importante lugar para la familia Carvajal, celebrando importantes acontecimientos familiares, como bodas. La única prueba debido al secular abandono de la iglesia por los condes de Torrejón es el enterramiento de Garci Lope de Carvajal, V señor de Torrejón el Rubio, y su esposa Catalina Manrique de Lara, situado junto al presbiterio.

El templo ha sufrido numerosas obras debido a su mal estado de conservación. Los más graves fueron los que provocaron el desplome de gran parte de la iglesia, lo que provocaba en el siglo XIX el cambio de la cubierta por una de madera, realizada altruistamente por los vecinos. El retablo no dispone de su estructura original, al ser destrozado por la carcoma.

La planta del templo es de estructura basilical con dos zonas bien diferenciadas. La de la capilla está cerrada por una preciosa bóveda estrellada. Las 4 impostas sobre la que se sostiene son de decoración claramente vegetal. Mientras, las claves, son el escudo del mecenas de la capilla, Francisco de Carvajal y Trejo, sobresaliendo la gran clave central que es el escudo de los Carvajal. Al lado izquierdo, está el retablo de la Virgen del Rosario, donde se encuentra la hermosa tumba en alabastro del V señor de Torrejón y su esposa, además de la virgen mencionada, del siglo XVII, San Blas, del Siglo XVIII, y un San José del Siglo XX. El retablo sufrió un incendio que le hizo perder gran parte de su esplendor. El arco apuntado donde se sitúa está culminado con los escudos de los Carvajal y de los Manrique de Lara.

El retablo principal ha perdido su formación original. Toda la estructura de cemento donde están situados los cuadros proviene de mediados del siglo XX. El sagrario, con su acabado barroco, incluido un expositor, proviene de otra iglesia y fue ubicado en la iglesia a principios del Siglo XX.

La segunda parte del templo está separada de la primera por un arco apuntado u ojival. Está zona es más sencilla. Su techumbre es de madera, bastante más tosca.

Iglesia San Miguel Arcángel, Casa fuerte de los Señores de Torrejón y Hospital del Conde

Son los edificios más antiguos del casco urbano junto a la Iglesia de San Miguel Arcángel, correspondiente con los siglos XV y XVI, respectivamente. En la actualidad son utilizados como Casa Consistorial y como Centro Social, conservando solo algún elemento, como la señorial puerta de entrada en el primero y de toda la fachada, en el caso del segundo.

Ambos lugares tienen un gran interés, muy especialmente, por la importancia de los señores que los mandaron construir y las historias que entorno a ellos, como con la Iglesia, suceden en la localidad entre los siglo XV y XVII. Con la decadencia de los señores de Torrejón comienza también el abandono y la pérdida de un patrimonio muy interesante.

Casa fuerte de los Señores de Torrejón.

Juan II concede antes entre 1440 y 1450 el señorío de los Torrejón el Rubio a un excelente consejero suyo: Dr. Garci Lope de Carvajal, miembro del Consejo Real. A partir de ese momento y hasta la primera década de esa época se produce una importante labor constructora por parte de esta familia. Es precisamente Garci Lope de Carvajal quien comienza la construcción de la Casa Fuerte de los Señores de Torrejón. Es así como su sucesor, Francisco de Carvajal, encargado de su terminación, es como la denomina en 1488 cuando funda el mayorazgo en favor de su hijo Garci López de Carvajal II. Esta casa fuerte, a diferencia de los palacios, tiene una construcción más sobria y sencilla, muy delimitada todavía por una función defensiva, dada las constantes disputas entre los nobles de la zona.

La fachada está compuesta de dos zonas. La superior, acabada en ladrillo, donde se sitúa tres arcos rebajados de medio punto, siendo uno de los cúlmenes de la fachada, y la inferior, acabada en distinta mampostería de la zona.

 La puerta principal está coronada por un escudo en mármol de la familia Carvajal. La casa fuerte ha tenido numerosos usos: Casa nobiliaria, posada (siglo XIX), Escuela (siglo XIX), Cuartel de la Guardia Civil (siglo XX) y Centro Social (actualmente). Todo ello, al abandono que por parte de los señores de Torrejón el Rubio, a partir de finales del siglo XVII, se sufrió, la casa fuerte ha estado en varias ocasiones “medio arruinado”, tal y como se refiere a él Madoz en 1848, en el que afirma que esta Casa Fuerte se ha transformado en una posada.

Todo ello ha provocada numerosas reformas que afortunadamente no han afectado a la fachada, pero si a la estructura interna.

Hospital del Conde.

Igual sucede con el actual ayuntamiento. En una reciente obra se ha encontrado una interesante puerta de sillería de granito, realizada en el mismo material que el escudo situado en la parte superior. Ese escudo pertenece a D. Francisco de Carvajal y Manrique de Lara, VI señor de la villa y nombrado primer conde el 31 de enero de 1602, a un año escaso de su muerte.

De ello deducimos que esa parte de la Casa Fuerte si fue un palacio condal, precisamente erigido por el primer conde de Torrejón, un señor de gran importancia en la época de Felipe III. La obra efectuada en la fachada ha descubierto el lamentable estado de las fachadas exteriores. Precisamente, por ello, debido a las referencias históricas que poseemos y la ubicación de los mismos, durante el siglo XVIII se transformó en un hospital totalmente inhabitable, tal y como se asegura en 1753 y 1789, y por el que señor recibía una importante cantidad de dinero, pese a estar destrozado.

Se construye a finales del siglo XVIII por orden del Obispo Pérez Laso. Este puente sustituyó a uno original de madera que estaba en muy mal estado. Era utilizado para el paso del río Almonte, según documentos atribuidos al historiador y viajero Antonio Ponz, quien pasó por la zona en 1784.

Junto a este puente de madera había una embarcación dependiente de la ciudad de Trujillo. Y en sus inmediaciones se encontraba una venta, denominada la Barquilla, utilizada habitualmente, por los viajeros que se desplazaban de Torrejón el Rubio hasta Trujillo.

El puente pasa desapercibido por los diferentes usuarios de la zona. Sin embargo la construcción tiene una bella factura, disimulada por la reforma realizada en 2003 para el ensanchamiento de la EX208. El puente que consta de 12 ojos de medio punto, está construido con granito de la zona de Malpartida de Plasencia y los acabados de sus diferentes muros están realizados en mampostería de la zona, con abundante presencia de pizarra.

El puente del Arroyo de la Casa se construyó en la segunda mitad del siglo XIX para la mejora de la carretera de Logrosán a Plasencia. El puente está construido con ladrillo de la zona, mampostería de pizarra y los arcos de mediopunto están finalizados en granito. La primera referencia documental de este puente aparece en la cartografía fechada en 1896. Esta carretera de Logrosán a Plasencia sustituye durante el siglo XIX al anterior camino de herradura de Andalucía a las Castillas.

Este molino aparece ya las cartografías de 1896. Conocido en Torrejón el Rubio como el motor, hasta la segunda mitad de siglo XIX. En la actualidad se encuentra abandonado. Entre sus ruinas se pueden observar restos de la maquinaria, las piedras de molienda, así como arcos de medio punto de estilo Neomudéjar.

Por la parte inferior del molino trascurre el Arroyo de las Casas entre unas enormes pedreras que son espectaculares en invierno con sus rápidos y pequeñas cascadas. Un lugar que no puede dejar de contemplarse.

A tan solo 4 kilómetros del centro urbano de la localidad se encuentran los restos de una explotación minera que tuvo gran importancia durante la segunda mitad del siglo XX.

Estas canteras a cielo abierto fueron descubiertas casualmente por un ingeniero de minas que pasaba por la carretera camino de Cáceres y observó una zona de tierra blanca que llevó a analizar. Los afloramientos de estas minas eran atapulgita.

Poco después, durante la década de los años 60 se empezaron a explotar. Posteriormente la adquirió el grupo Tolsa, el mayor productor del país de este tipo de arcillas, siendo destinadas en su mayor parte a la exportación, especialmente países de la Unión Europea, el Golfo Pérsico y Japón.  

El material que se explotó en estas minas fue un silicato de aluminio y magnesio hidratado formado naturalmente. Se utilizaba como agente antisedimesante, principalmente destinado a fertilizantes, abonos, plaguicidas e incluso en alimentación animal. 

Dichos materiales eran transportados hasta la planta de tratamiento donde se eliminaba la humedad mediante el secado a la intemperie. Una vez seco y triturado el material se colocaba en una nave techada de la que se recogían la atapulgita para su uso industrial.

Tras la entrada de España en la Unión Europea en 1986, al parecer por falta de homologación del producto a la normativa del mercado común, empezó la decadencia de la explotación minera, que pocos años después cerró de manera definitiva.

En el barrio de La Rata, en un lugar conocido como el Huerto de la Cava, se encuentran los orígenes de esta localidad. Un lugar rodeado de historias y leyendas.

Aquí, en este paraje nos encontramos con Las Escuelas de la Rata. Fue un centro educativo hasta los años 70 que se ha convertido en uno de los edificios de principios de siglo XX mejor conservados y con una arquitectura muy peculiar y novedosa. Actualmente, este edificio es la casa de cultura. 

Próximo a estas escuelas, veremos el pozo del pueblo, que tradicionalmente era uno de los suministradores de agua de la localidad, hasta el punto que hasta el año 1980 había una conducción que unía este pozo con la Plaza de España, donde se podía a través de una fuente, consumir su agua. 

A las traseras de dichas escuelas, se encuentra el lavadero de la Rata. Es el único que se conserva en la localidad.   

El silo de Torrejón se construye a mediados de los sesenta con el fin de almacenar el grano. El tipo de construcción es de los denominados graneros verticales, habituales en esa etapa de acopio de materias a granel en la agricultura. 

En la actualidad es utilizado para el plan Infoex  (Plan de prevención de incendios forestales de la Comunidad Autónoma de Extremadura) y como oficina de los agentes forestales de la zona.

En Torrejón el Rubio se ha rendido homenaje a dos de sus animales más emblemáticos. Por un lado, los artistas extremeños Jesús Brea (muralista) y Sojo (artista visual) han inmortalizado a los ciervos con un enorme mural de arte urbano. El mural se encuentra situado en la pista polideportiva. Inaugurado en 2021, representa la evolución de la pintura desde sus comienzos como arte rupestre (el simbolismo del arte esquemático) de los primeros pobladores hasta el arte urbano actual (el grafitty) empleando el ciervo como hilo conductor.

Hay que recordar que los lugares con arte localizados en Monfragüe superan el centenar de pinturas repartidas por covachas y grietas. Su relevancia ha merecido investigaciones tanto a nivel nacional como internacional además de diversas publicaciones y la adecuación de diferentes infraestructuras en el conjunto artístico para darlo a conocer. Como ejemplos se pueden señalar la adecuación y musealización de la cueva del castillo así como la creación del centro de interpretación del Arte Rupestre.

Por otro lado, en otro mural situado en una de las paredes del colegio público Virgen de Monfragüe, visible también desde la pista polideportiva, se homenajea a los buitres leonados, otros de los principales representantes de la fauna de Monfragüe.

No solo se pueden admirar estos animales en los referidos murales, sino que todo el mundo tiene la oportunidad de verlos en vivo, en su hábitat natural, a través de los diversos miradores y parajes con los que cuenta este municipio.

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